Una visita inesperada, un supuesto técnico y la advertencia de que la revisión es obligatoria. La escena se repite en muchos domicilios, pero hay una forma sencilla de detectar algo extraño: la inspección oficial de la instalación de gas debe anunciarse previamente y nunca se paga al técnico en la puerta.

La revisión de la caldera e inspección del gas suelen confundirse, aunque afectan a elementos distintos, tienen plazos diferentes y no se cobran de la misma manera. Conocer esas diferencias permite evitar tanto problemas de seguridad como contratos innecesarios o posibles fraudes.

La caldera se revisa, la instalación de gas se inspecciona

La revisión de la caldera es una operación de mantenimiento preventivo. Se centra en el aparato: el quemador, el circuito de humos, la estanqueidad, los elementos de seguridad, el vaso de expansión y el funcionamiento general.

El Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios establece que las calderas murales de gas instaladas en viviendas y con una potencia igual o inferior a 70 kW deben recibir mantenimiento, como mínimo, cada dos años. El manual del fabricante puede fijar una frecuencia mayor, por lo que conviene consultarlo.

Esta revisión debe realizarla una empresa mantenedora habilitada o el servicio técnico correspondiente. El consumidor puede elegir la empresa, pedir presupuesto y pagar directamente el trabajo. El precio es libre.

Lo que no exige la normativa para una instalación doméstica individual de menos de 70 kW es contratar una cuota mensual o un servicio anual permanente. La revisión es obligatoria, pero suscribir un contrato de mantenimiento no lo es. La Comunidad de Madrid lo advierte expresamente en su información sobre fraudes relacionados con el gas.

La inspección periódica, en cambio, examina el conjunto de la instalación de gas: tuberías, llaves, ventilación, estanqueidad, evacuación de los productos de la combustión y estado de los aparatos conectados.

El Reglamento técnico de distribución y utilización de combustibles gaseosos fija una periodicidad de cinco años para las instalaciones alimentadas desde redes de distribución.

Una comparación permite entender por qué no son trabajos duplicados. En un periodo de diez años, una vivienda con una caldera mural de gas pasará normalmente dos inspecciones de la instalación y, al menos, cinco revisiones de la caldera.

Cómo debe avisarse de una inspección oficial

La distribuidora, que no siempre coincide con la empresa que envía las facturas, debe comunicar por escrito la necesidad de realizar la inspección con tres meses de antelación. El aviso debe identificar al titular, incluir el CUPS, indicar cuándo se hizo la última inspección y explicar que el consumidor puede elegir una empresa instaladora habilitada.

Si el usuario no contrata otra empresa dentro del plazo concedido, la distribuidora organizará la visita. En ese caso deberá comunicar la fecha y la franja horaria con una antelación mínima de cinco días.

Un cartel colocado en el portal puede servir como recordatorio, pero no sustituye a la comunicación individual. Si alguien llama al timbre para realizar una supuesta inspección y el titular no ha recibido ninguna carta o correo previo, lo prudente es no permitirle la entrada y llamar a la distribuidora utilizando el teléfono que aparece en la factura.

También debe comprobarse la acreditación del técnico. No basta con un uniforme, una carpeta o una tarjeta con el logotipo de una compañía.

Nunca se paga la inspección en la puerta

Esta es una de las diferencias más útiles para detectar un posible engaño. El coste de la inspección periódica de gas se incorpora posteriormente a la factura de la comercializadora. El técnico no debe pedir dinero en efectivo, un pago con tarjeta ni una transferencia inmediata.

Distribuidoras como Nedgia recuerdan que su personal nunca cobra durante la visita y que cualquier importe se carga en la factura.

Cuando se detectan defectos, la persona que realiza la inspección debe entregar un informe de anomalías. No puede aprovechar la visita para ofrecer una reparación inmediata y cobrarla en el momento. El usuario deberá encargar la corrección a una empresa habilitada o, si el problema afecta al aparato, al servicio técnico correspondiente.

Por tanto, conviene desconfiar de quien aparece sin aviso, exige decidir en ese instante, amenaza con cortar el gas, pide un pago en la puerta o intenta hacer firmar un contrato de mantenimiento presentado como obligatorio.

En las instalaciones de butano o propano envasado el procedimiento cambia: el usuario debe contratar por su cuenta la revisión periódica con una empresa habilitada y puede pagarle directamente después del trabajo. Esta diferencia explica por qué no existe una única regla de cobro para todos los tipos de suministro.

Antes de aceptar cualquier visita, lo más seguro es consultar la última fecha de inspección, localizar en la factura quién es la distribuidora y comprobar que la empresa figura en el registro industrial de la comunidad autónoma. La revisión de la caldera e inspección del gas protegen la seguridad de la vivienda, pero confundirlas puede abrir la puerta, literalmente, a servicios que nadie había solicitado.