Ahorrar en el aire acondicionado no empieza por bajar el mando a 18 °C. De hecho, ese gesto no enfría antes la habitación. Combinar el equipo con un ventilador y revisar el filtro con más frecuencia puede resultar bastante más eficaz.

Cuando llega el calor, el mando del aire acondicionado suele convertirse en objeto de disputa familiar. Unos quieren ponerlo al mínimo para enfriar la casa cuanto antes; otros prefieren apagarlo por miedo a la factura. Sin embargo, entre esos dos extremos existen pequeños ajustes que permiten mantener el confort sin disparar el consumo.

No es una cuestión menor. Los edificios concentran aproximadamente el 30 % del consumo energético total de España, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). Buena parte de la diferencia puede estar en cómo se utiliza el aparato, no solamente en su eficiencia.

1. El 18 °C no es un turbo: el termostato marca el destino

Poner el aire acondicionado a 18 °C al entrar en una habitación calurosa no hace que enfríe más rápido. El termostato indica la temperatura que se quiere alcanzar, pero no funciona como el acelerador de un coche.

El IDAE advierte expresamente de que seleccionar una temperatura inferior a la deseada no acelera la refrigeración y puede provocar un gasto innecesario. Su recomendación general para el verano es mantener una temperatura de 26 °C o superior, siempre que la ropa y las circunstancias personales lo permitan.

La estrategia más razonable es seleccionar desde el principio una temperatura confortable —por ejemplo, 26 °C— y esperar a que el equipo trabaje. Si transcurrido un tiempo sigue haciendo calor, se puede reducir un grado. El compresor no entiende de impaciencia: bajar el número del mando solo consigue que permanezca funcionando durante más tiempo.

Algunos modelos incorporan un modo «turbo», «powerful» o similar. Esa es una función específica definida por el fabricante y no debe confundirse con seleccionar 18 °C. Antes de utilizarla conviene consultar el manual, porque puede aumentar temporalmente la potencia y el consumo.

2. Dos aparatos encendidos pueden gastar menos que uno mal ajustado

Parece una contradicción, pero encender un ventilador junto al aire acondicionado puede reducir el gasto total si permite subir uno o dos grados el termostato.

El ventilador no baja la temperatura real de la habitación. Lo que hace es mover el aire y favorecer la evaporación del sudor, de manera que las personas sienten menos calor. El IDAE calcula que un ventilador, preferiblemente de techo, puede crear una sensación térmica entre tres y cinco grados inferior con un consumo eléctrico reducido.

Una guía oficial del programa estadounidense Energy Saver señala que un ventilador de techo puede permitir elevar el termostato unos 4 °F —aproximadamente 2,2 °C— sin perder confort. No significa que el ahorro vaya a ser idéntico en todas las viviendas, pero sí explica por qué la combinación puede funcionar.

El truco consiste en usar el ventilador únicamente en la estancia ocupada y orientar el flujo hacia las personas. Los ventiladores refrescan cuerpos, no habitaciones. Por eso deben apagarse al salir. En verano, ENERGY STAR recomienda que los ventiladores de techo giren en sentido contrario a las agujas del reloj, vistos desde abajo, para impulsar el aire hacia la zona ocupada.

3. El filtro no debería limpiarse solo cuando el aparato deja de enfriar

El filtro suele ser el gran olvidado. Cuando acumula polvo, pelusas o pelo de animales, el paso del aire se reduce y el equipo pierde capacidad de refrigeración. El usuario compensa bajando el termostato, aunque el problema real está detrás de la tapa.

El IDAE recomienda limpiar los filtros periódicamente. La frecuencia concreta depende del fabricante, el modelo, las horas de uso y la cantidad de polvo presente en la vivienda. Como referencia, el manual oficial de varios equipos domésticos de Daikin aconseja limpiarlos cada dos semanas durante los periodos de utilización.

Esto no significa que todos los aparatos tengan el mismo calendario. Lo adecuado es consultar el manual del modelo instalado. Si el filtro es lavable, normalmente se limpia con agua templada y detergente neutro y se deja secar completamente a la sombra, pero siempre deben prevalecer las instrucciones del fabricante.

Antes de tocarlo hay que apagar y desconectar el equipo. El usuario solo debería retirar las piezas expresamente diseñadas para su limpieza. Abrir la unidad, manipular componentes eléctricos o intervenir en el circuito refrigerante es trabajo para un profesional habilitado.

Tres formas de ahorrar en el aire acondicionado sin pasar calor

El IDAE estima que variar un grado la temperatura puede generar alrededor de un 7 % de ahorro en climatización. No es una cifra garantizada para cada hogar, pero sirve para calcular el orden de magnitud.

Imaginemos una vivienda cuyo aire acondicionado consume 600 kWh durante el verano y que paga un precio final de 0,25 euros por kWh. La temporada costaría unos 150 euros. Si subir un grado redujera el consumo un 7 %, se ahorrarían aproximadamente 42 kWh, equivalentes a 10,50 euros.

Con dos grados, y suponiendo únicamente para este ejemplo que el efecto fuera lineal, la reducción alcanzaría 84 kWh y 21 euros. A esa cifra habría que descontarle el pequeño consumo del ventilador. El resultado real dependerá del clima, el aislamiento, la orientación de la casa, la eficiencia del aparato, la tarifa y las horas de uso.

Hay una pregunta sencilla que merece la pena trasladar al fabricante o al servicio técnico: «¿Cada cuánto debe limpiarse el filtro de mi modelo y qué piezas puedo manipular sin desmontar la unidad?» La respuesta puede evitar un mantenimiento tardío y una visita innecesaria.

También es útil comprobar el consumo en el contador, en la aplicación de la comercializadora o en el propio equipo, comparando días de temperatura exterior parecida. Cambiar un solo hábito cada vez permite saber cuál produce una diferencia real.

Para ahorrar en el aire acondicionado de verdad, la mejor combinación es menos espectacular que poner el mando al mínimo: una temperatura moderada, aire en movimiento y un filtro limpio. El confort y la salud deben tener prioridad en hogares con bebés, personas mayores, enfermos crónicos o personas especialmente sensibles al calor.