Una bombona en buen estado no estalla de repente. Los accidentes suelen comenzar con una fuga de gas en un espacio cerrado y una chispa tan cotidiana como la de un interruptor. Solo en condiciones extremas, por ejemplo durante un incendio, el propio recipiente puede romperse violentamente.

La imagen resulta familiar: una bombona naranja junto a la cocina, el calentador o una estufa. También lo es el temor a que pueda explotar sin previo aviso. Sin embargo, la respuesta a la pregunta de si las bombonas de butano explotan exige distinguir dos accidentes muy diferentes.

El más habitual no consiste en que reviente la botella. Se produce cuando el butano escapa por una conexión defectuosa, un tubo deteriorado, un regulador mal colocado o un aparato que no funciona correctamente. Si el gas se acumula y alcanza una concentración inflamable, basta una llama o una chispa para provocar una combustión súbita y una onda de presión.

El interruptor de la luz, un enchufe, el motor de un electrodoméstico o una descarga de electricidad estática pueden actuar como punto de ignición. Por eso, cuando huele a gas, encender la luz para comprobar qué ocurre es una de las peores decisiones posibles.

El butano comercial está clasificado como un gas extremadamente inflamable. Además, se almacena licuado y sometido a presión, por lo que puede explotar si se calienta, según la información recogida por la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas.

Cinco metros cúbicos de gas dentro de una bombona

La diferencia entre el volumen del líquido y el del gas ayuda a entender el riesgo. Una bombona tradicional contiene 12,5 kilos. Si esa cantidad de butano se liberase y pasara por completo a estado gaseoso, ocuparía, de forma aproximada y a temperatura ambiente, unos cinco metros cúbicos.

No significa que una fuga vaya a vaciar siempre la botella ni que todo ese gas forme una mezcla explosiva. Sí explica por qué una pérdida aparentemente pequeña puede resultar peligrosa en una cocina cerrada. El butano, además, es más pesado que el aire y tiende a concentrarse en las zonas bajas. De ahí que las rejillas de ventilación deban encontrarse cerca del suelo y permanecer despejadas, como recuerda la guía de uso publicada por Repsol.

El segundo tipo de accidente es mucho menos frecuente, pero más grave. Si una bombona queda expuesta directamente a un incendio, la temperatura y la presión interior pueden aumentar hasta causar la rotura del recipiente. El líquido se transforma entonces en vapor de forma casi instantánea y genera una explosión conocida como BLEVE, siglas en inglés de “explosión de vapores que se expanden al hervir un líquido”.

Las bombonas están diseñadas para soportar presión. Repsol señala que sus envases incorporan válvulas de alivio que actúan cuando la presión interior sube demasiado. Esto reduce el riesgo de rotura, pero no convierte una bombona rodeada por las llamas en un objeto seguro: la salida de gas puede alimentar el incendio. Ante una situación así, hay que alejarse y avisar al 112, nunca intentar moverla.

Qué hacer si aparece olor a gas

La primera medida, siempre que pueda realizarse sin exponerse, es cerrar el regulador. Después deben abrirse manualmente puertas y ventanas. No hay que encender ni apagar luces, tocar enchufes, utilizar aparatos eléctricos, fumar o encender una llama.

Si el olor es intenso, no desaparece o no se localiza fácilmente su procedencia, se debe abandonar la vivienda y llamar desde el exterior al 112, al servicio de averías del suministrador o a una empresa instaladora habilitada. Tampoco conviene buscar la fuga acercando una cerilla: parece una advertencia obvia, pero sigue siendo una de las prácticas que los servicios de emergencias desaconsejan expresamente. El Ayuntamiento de Madrid insiste en evitar cualquier acción capaz de producir una chispa mientras persista el olor.

La prevención comienza antes. La bombona debe mantenerse en posición vertical, sobre una superficie estable, lejos de fuentes intensas de calor y en una estancia ventilada. Al sustituirla hay que cerrar el regulador, comprobar que la conexión queda correctamente encajada y revisar el estado del tubo flexible. Si lleva impresa una fecha de caducidad, debe cambiarse antes de que venza; una reparación casera con cinta adhesiva no arregla una conducción de gas.

El Reglamento técnico de distribución y utilización de combustibles gaseosos establece, con carácter general, una revisión cada cinco años para las instalaciones receptoras que no están conectadas a una red de distribución. La norma contempla una excepción para determinadas configuraciones portátiles con una sola bombona de menos de 15 kilos y un único aparato móvil. Esa excepción no elimina la obligación de conservar en buen estado el tubo, el regulador y el aparato.

También conviene separar dos peligros que suelen confundirse. El olor característico permite advertir una fuga porque al butano se le añade un odorizante. El monóxido de carbono, en cambio, no huele y aparece cuando la combustión es defectuosa. Una llama amarilla o inestable, la presencia de hollín, dolor de cabeza, náuseas o somnolencia son señales para apagar el aparato, ventilar, salir de la vivienda y pedir ayuda.

Por tanto, sí: una bombona puede llegar a explotar, pero no “porque sí”. En la mayoría de los accidentes domésticos, el verdadero enemigo es el gas que se ha escapado y permanece acumulado sin que nadie actúe a tiempo.